Yvan Salomone

Antes de ver el trabajo de Yvan Salomone, se podría creer que contiene los ingredientes adecuados para un escenario banal y regional, un arte pintoresco y anecdótico. Y sin embargo, desde el primer contacto con la obra hay algo que desvía al proyecto, alejando los pequeños placeres de los pintores domingueros. En su lugar, Salomone explora las problemáticas de lo que acordamos en llamar modernidad. Al igual que otros artistas contemporáneos conscientes de que la disciplina no es impuesta al creador desde fuera (por la academia o por patrones preestablecidos) sino que es producida por el proceso creativo en sí mismo, Salomone trabaja de acuerdo a un programa autoimpuesto. “Es como si la restricción hiciera implosión en la libertad” me decía Jeff Wall. El programa de Salomone se desarrolla de la siguiente manera: 1) una acuarela por semana, ni más ni menos; 2) cada acuarela parte de una fotografía tomada in situ (puertos de Saint-Malo, de Sahangaï, de Rotterdam); 3) todas las acuarelas tienen el mismo tamaño (105 x 145 cm); 4) nunca hay presencia humana ni movimientos vivos sobre la imagen. Estas son las principales directrices y convenciones. El resto, es decir el juego de la invención, las sinuosidades de la poética, puede ser experimentado con libertad. El efecto accidental se vuelve un suceso apacible dentro de una duración circular. El tiempo de Salomone es el del loop, el anillo, el bucle.

Pierre Sterckx, « Yvan Salomone Liquid Values », Art Press, no 228

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